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Tenerife 20 de Octubre de 2009
Hace catorce años
En la primera quincena del próximo mes de Diciembre
de este año 2009, tendrá lugar en Copenhague la XV
sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención
Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), conocida comúnmente como COP-15 a la que previsiblemente asistirá una delegación de las Cortes Generales españolas con miembros de la Comisión Mixta para el Estudio del Cambio Climático.

Ante la trascendencia del referido acontecimiento y la importancia de los acuerdos que posiblemente se adopten, pretendo llevar a cabo algunas reflexiones al respecto en las semanas próximas y para ello en el presente artículo voy a reproducir textualmente el contenido del que publicamos a comienzos de 1996 y que titulamos “El Cambio Climático”; consiguientemente el texto que sigue a continuación constituye la reproducción íntegra de unas consideraciones que expresé públicamente hace unos catorce años en el referido artículo.

A finales del año 1995, en sesión plenaria celebrada en Roma, un amplio grupo de expertos, en número superior a dos millares, en representación de ciento treinta países integrados en el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPPC) emitieron el “segundo informe de evaluación” en el que “oficializa” el “Cambio Climático”. Según dicho informe, el masivo consumo de petróleo, carbón y gas en el mundo está provocando un “cambio climático” que podría llegar a alcanzar proporciones catastróficas en el supuesto de que en los próximos años la humanidad no adoptase decisiones radicales a efectos de combatir tal riesgo.
En los parlamentos nacionales de la mayor parte de los países, existen comisiones especializadas que vienen informando a sus respectivos Gobiernos y dictándoles iniciativas legislativas a efectos de detener tal importante problema. De ahí que el Senado español aprobase el 10 de Mayo de 1995 la creación de una comisión especial para el estudio del cambio climático. Tal comisión de la que tuve el honor de ser uno de sus miembros, funcionó con notable entusiasmo e interés durante los últimos meses de esa legislatura y atesoró un importante conjunto informativo generado por las diversas personalidades que ante ella comparecieron así como por la recopilación de artículos científicos publicados en revistas de notable solvencia.

Precisamente, el 27 de Noviembre de 1995 y aprovechando su estancia en Madrid para asistir a las sesiones de trabajo del Grupo del IPPC especializado en la “ciencia del cambio climático”, el profesor Bert Bolín, presidente del IPPC, compareció ante dicha comisión especializada del Senado y ya en su intervención, sin vacilar, afirmaba que el cruzamiento y recopilación de tanta información acumulada en los últimos años, le llevaba a afirmar sin ningún género de dudas, que en la actualidad puede asegurarse que se está produciendo en el medio ambiente mundial un cambio climático que va más allá de lo que podríamos esperar de una variación natural del clima y que a su vez este cambio se está produciendo por la acción humana.

El principal peligro del cambio climático es la producción del efecto invernadero, esto es, un aumento global de la temperatura. El efecto invernadero viene producido por la emisión de ciertos gases que cambian la forma en la que la atmósfera filtra la radiación solar. El principal responsable de dicho efecto lo constituye el anhídrido carbónico, pero también existen otros gases como el metano, los nitratos o los CFC (denominados de esta forma los derivados halogenados de los hidrocarburos saturados) que también afectan al filtrado de la radiación solar.

Pero junto al efecto invernadero se están produciendo otros fenómenos, como lo es el agujero de la capa de ozono y sobre todo, la concentración de aerosoles en las partes superiores de la atmósfera. Esta concentración  es resultado de la combustión de los combustibles fósiles que emiten azufre, el cual, al transformase en partículas que reflejan la radiación solar y devolverla al espacio, impiden que se produzca un calentamiento global de la Tierra.

La mayor emisión de aerosoles en el hemisferio norte, trae como consecuencia que el aumento de las temperaturas sea mayor en el hemisferio sur. No obstante la permanencia de aerosoles en la atmósfera es corta y por tanto su efecto es irregular frente a los gases invernaderos que, al quedarse muchos años en la atmósfera, ejercen un efecto más duradero y menos irregular Al mismo tiempo, los aerosoles acidifican la lluvia y con ello la tierra y el suelo. Se observa además, que el calentamiento se produce en la parte inferior de la atmósfera, mientras que la parte superior se enfría, lo que refleja que dicho cambio climático procede de la acción del hombre.

Según afirmaba el profesor Bolín en su comparecencia ante la comisión del Senado español, resulta fundamental que el mundo entero adopte medidas que conduzcan a la disminución de las emisiones de anhídrido carbónico a la atmósfera por cuanto si no se adoptasen, el crecimiento de las emisiones en los próximos decenios -y de seguir el crecimiento de los últimos años- podría llegar a duplicar la cuantía de las emisiones actuales. Y todo ello, aún a pesar de que el aumento de la temperatura se ve frenado por el efecto de refrigeración que tiene el mar, habida cuenta que éste requiere de mucha energía calorífica para calentarse.

La presencia de anhídrido carbónico produce otros efectos como el problema de la sequía. Un clima más cálido trae consigo una mayor circulación de agua en la atmósfera, lo que a su vez ocasiona un aumento global de las precipitaciones, mientras que, al hacer más calor, la vegetación precisa de mayor cantidad de agua para reponer la que se ha evaporado, lo cual implica un mayor grado de sequedad.

Por otro lado y aparentemente, un aumento de anhídrido carbónico en la atmósfera, mejoraría la eficacia de las plantas que podrían sintetizar mayor cantidad de dióxido de carbono perdiendo la misma cantidad de agua por sus hojas. Sin embargo, todo ello provocaría un cambio en la vegetación, calculándose que un tercio de la superficie terrestre cambiaría su flora si se duplicasen los niveles de anhídrido carbónico generándose una nueva distribución de los bosques, sabanas…etc.

Hasta aquí pues, la reproducción fidedigna del artículo que publiqué hace unos catorce años y que surgió del interés que se me generó en aquella etapa en la que pude participar en los trabajos que se realizaron en el seno de la comisión especial creada en el Senado para estudiar el Cambio Climático. Transcurrido este tiempo el mundo ha pasado de actitudes de escepticismo a la convicción de la necesidad de adopción de medidas. De todo ello iremos hablando en próximas ocasiones.

José Segura Clavell
Diputado socialista en el Congreso