Tenerife 6 de Mayo de 2009
El Paro es la quinta plaga de la humanidad
El dato de paro que el Instituto Nacional de Estadística ha dado
a conocer a través de la Encuesta de Población Activa es demoledor.
No por mucho anticipado por algunos pierde un ápice de su dramatismo.
El desempleo se dispara hasta el 17,36% y supera los cuatro millones de parados, 802.800 más que en diciembre, y en Canarias supera el 20% .
Cifra que no crece por la parte del denominador -más gente en edad de trabajar y dispuesta a hacerlo- que apenas se incrementa en un 0,15% en los últimos tres meses respecto a cierre de 2008 -36.800 personas-, sino por destrucción pura y dura de puestos de trabajo: un 3,85% en el mismo periodo ó 766.000 de los residentes en nuestro país, para completar un total de 1.311.500 en base interanual. El 58% de la amortización de puestos de trabajo en España de marzo del año pasado a aquí se ha materializado entre enero y el mismo mes de 2009.
Y las consecuencias que se derivan es la existencia de cuatro millones de parados en nuestro país, y del ritmo acelerado al que dicha cifra se incrementa, mes a mes, trimestre a trimestre, son absolutamente escalofriantes.
Situación que encierra algunas claves que deberían permitir al observador avezado, si es que queda alguno por las altas esferas, tomar ventaja de ellas para tratar de corregir parte de los desequilibrios que hoy nos afectan.
España un gran creador de empleo en tiempos de bonanza y uno de los mayores destructores cuando la crisis vuelve la esquina. Eso sólo se justifica por un modelo productivo de bajo valor añadido, extraordinariamente sensible a la demanda. No es de extrañar que gran parte de la contracción en el mercado de trabajo se haya producido en la construcción, y parte de su industria auxiliar, y en los servicios. Las reformas estructurales para ganar competitividad y productividad son indispensables, sin que ello signifique no postular una posible flexibilidad laboral, pues flexibilidad no es sinónimo de destrucción. Al contrario, supone establecer las condiciones que permitan preservar el empleo en tiempos de incertidumbre y minimizar, en la medida de lo posible, el paro estructural. La flexibilidad ha de tender a la unificación de contratos, a una agilización de la justicia laboral, conlleva una rebaja de las cotizaciones de la Seguridad Social , y brindar la prestación orientada a la formación, en definitiva evitar la figura de Papá Administración, con la que actualmente incluso se permite la vida subsidiada de una parte de la población en determinadas Comunidades Autónomas e Islas Canarias.
Pues, mientras se destruya empleo a este ritmo, que nadie espere una mejora de la demanda interna. Algunos analistas apuntaban, de la mano de la recuperación bursátil, que podía haber una vuelta en forma de V en la economía española. A nosotros nos albergaban pocas dudas de que no va a ser así pero estas cifras anulan definitivamente tal posibilidad. El consumo se frena, con él la inversión privada, aumenta el papel del Estado en la economía y se corrige, por la vía de las importaciones, el déficit por cuenta corriente español.
Y además, los bancos van a limitar aún más la actividad crediticia. Qué se le va a hacer. Ésta está condicionada a dos elementos: el valor de la garantía, incierta en la mayoría de las ocasiones, especialmente en el inmobiliario, y la capacidad de repago del acreditado. Y cuando la renta disponible hoy no se sabe si va a estar mañana, complicado. Obviamente olvídense de cualquier tipo de financiación sin colateral. El endurecimiento de los estándares de crédito tendrá un efecto adicional de presión sobre el precio de la propia vivienda y sobre la capacidad adquisitiva de los ciudadanos (menores tipos, más margen, mayor aportación).
A todo lo cual hemos de sumar que cerca de uno de cada tres extranjeros legales en España se encuentran en paro, un 25% de la cifra total de desempleados, más de un millón de personas. De los datos de la EPA se desprende que hay otro millón de ciudadanos foráneos en edad de trabajar que ni están ni se les espera en el mercado laboral. Dos millones sobre un censo total de 38 a los que hay que añadir jubilados, los menos, y, sobre todo, menores de 16 años, ya han comenzado los problemas de competencia laboral, que no es xenofobia, ejemplo los conflictos de los astilleros de la Naval.
Todo lo cual, nos reconduce a que el debate sobre el Estado del Bienestar se convierte, en virtud de las prestaciones que el desempleo lleva aparejadas, en inaplazable. Es momento de abordar la cuestión sin alarmismo pero con realismo. No es momento de impulsar políticas de protección indiscriminada que generan gasto corriente recurrente en el tiempo, sino de establecer fórmulas que permitan asegurar la viabilidad del sistema a medio plazo que han de pasar, necesariamente, por el fomento de la natalidad y el retraso voluntario de la edad de jubilación, el estímulo de los planes privados de pensiones, la privatización bajo tutela pública de parte de los servicios dependientes de la Seguridad Social , el incentivo a la búsqueda de empleo y similares.
Los parámetros de actuación hay que adoptarlos porque en la situación actual se cumplieron los peores augurios y sólo nos queda un camino largo y doloroso, que tendrá una UVI prolongada, ya que quizás no habrá alegrías hasta al menos el año 2012.
Juan Fernández del Torco Alonso.
Presidente del Centro Independiente de Canarias (CiCan)