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Arona 7 de Septiembre de 2011
Una floración admirable
Preguntando a uno de los jóvenes; congregados en
Madrid en la (JMJ) sobre la oración con Dios en la
íntersubjetividad íntima y profunda, me contesta: Una de las experiencias más estimulante, percibida, es que cuanto más se ora, más se quiere orar.
Toda potencia viva es expansiva. El ser humano, a nivel simplemente humano, es una tensión interior que le hace aspirar hacia lejanías inalcanzables, cualquier meta lograda lo deja como un arco tenso, siempre insatisfecho.

¿Qué le podríamos decir a la juventud, sobre la nostalgia?  La nostalgia es como la búsqueda interminable de una plenitud que nunca llegará.

Da la impresión que el ser humano es realmente extraño, pregunto: Entendimos que en medio de la creación, el ser humano aparece como un ser extraño, algo así como un “caso de emergencia”; posee facultades que fueron estructuradas para tal o cual función irresistible sobre él, y cuanto más se aproxima a ese Universo, mayor velocidad adquiere; cumplida la función, conseguido el objetivo, siente que algo le falta. Pensemos, decía, por ejemplo, en el apetito sexual o en la sed de riqueza: cumplidas las apetencias, el hombre como tal sigue “hambriento” y desde cada satisfacción lograda se lanza en busca de nuevas riquezas o nuevas sensaciones. Ahora lo llaman motivación.

Así pues a nivel espiritual el hombre es, según el pensamiento de san Agustín, como una saeta disparada hacia un Universo (Dios) que, como un centro de gravedad, ejerce una atracción irresistible sobre él, y cuanto más se aproxima a ese Universo, mayor velocidad adquiere. Cuanto más se ama a Dios, más se le quiere amar. Cuanto más se trata con El, más ganas entran de tratarlo.

Existe como sabes la ley del entrenamiento, ¿cómo lo plantearías en al ámbito espiritual?  A lo que me responde: Es cierto que conocemos más la ley para los deportes, atlético y otros etc., pero olvidamos que esta ley de entrenamiento también existe para los deportes del espíritu: cuanto más entrenamiento se hace, más o mejores marcas se pueden batir. Si a mí me dicen, de repente, que haga una caminata de 30 kilómetros, hoy no los podría hacer. Pero si diariamente me entrenara haciendo largas caminatas, después de varios meses no tendría dificultad alguna para recorrer los 30 kilómetros. Usted, mejor que muchos puede saberlo porque en su época de estudiante, en la Salle, según me comentaba mi padre, corría en la manzanilla, creo recordar. ¡Vaya! no contaba con que conociera esa información sobre mí.

Es por ello por lo que usted sabe bien que hay en nosotros capacidades atléticas que están dormidas, quizá atrofiadas, por falta de acción. Al activarlas se despiertan desplegándose hacia el objetivo trazado. Así mismo, llevamos en el alma capacidades espirituales que eventualmente pueden estar dormidas por esa falta de entrenamiento. Dios ha depositado en el fondo de nuestra vida un germen que es un don potencial, capaz de desarrollar una floración admirable. Cualquiera que haya tratado entrañablemente con el Señor a solas durante unos cuantos días, al regresar a la vida ordinaria percibe que un nuevo peso lo arrastra al encuentro con Dios más intensamente. Se cumple la ley: a mayor proximidad, mayor velocidad, como en la ley física de la atracción de las masas. Crece la atracción en la medida en que es mayor el volumen de las masas y mayor la cercanía de las mismas.

¿Entiendo pues que detrás de todos nuestros problemas, existe una corriente que se dirige hacia Dios, capaz de concentrar las fuerzas del ser humano y aquietar sus quimeras? Sí, porque una vida que pudo haber florecido espiritualmente, al centrarse más en el despropósito, sólo quedó en posibilidad.

Antonio Pastor
AIPET
PASTOR EQUECOLEGIO ESTUDIASTES EN ELPUERTO.
FRANCISCO CORREA
Comentarios
Gracias. Estudié en los Salesianos, en el Puerto de la cruz y en la Salle, San Ildefonso. Me alegro por su interés. Espero corresponder a su pregunta. El Autor.