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Tenerife 8 de Junio de 2010
Triunfar sobre el desaliento
Los que hoy están arriba, mañana estarán abajo. Hace
algunos años J. Martin Cole, comenzaba su discurso haciendo referencia al profesor Williams James, uno de los más grandes psicólogos del mundo. Decía que cierto día se sintió tan falto de ánimo que tuvo el impulso de dejarlo todo.
Por consiguiente, es razonable decir que cualquiera de nosotros,
podemos sentirnos desalentados de cuando en cuando. Lo importante,
o el problema real, no es que nos sintamos de ese modo, sino saber
que podemos enfrentarnos al desaliento.

Hace algún tiempo escuché una interesante anécdota sobre el diablo, el cual se encontraba frente a un jurado que había de aplicarle un castigo. Uno de los jueces le dijo: ¿Tiene usted algo que decir, antes de que pronunciemos nuestra sentencia? Y el diablo contestó, sí. Porque se que ustedes me vais a despojar de todos mis poderes pero, por favor se lo suplico, déjenme el  poder necesario para desalentar al hombre, pues si lo conservo podré acabar con cualquier ser humano. Esto no es más que un cuento, pero nos da idea de lo destructivo que puede ser el desaliento tanto en lo personal, profesional, como en nuestro entorno familiar.

Dentro de los diez factores importantes que, según M. Cole, influyen en nuestra vida, me centraré en la sexta causa que nos lleva al desaliento, “La Crítica”. Es especial cuando se gobierna por decreto, provocando el desvanecimiento del mundo rural y olvidando que necesitamos los recursos de nuestra tierra para sobrevivir.

Desde que nacemos hasta que morimos, y durante algún tiempo más, estamos sujetos a ser  criticados por cualquier situación, apariencia u opinión, que se produce en el transcurso de nuestras vidas. Pero si no somos capaces de resistir a la misma, la vida constituirá un problema que se prolongaría a través de los años. Pero si por lo contrario somos capaces de resistir la crítica, la vida puede hacerse más agradable, más interesante y sin el menor desaliento.

Hace algunos años un muchacho italiano, vendedor de periódicos, al que se veía siempre por las calles de Chicago, se acercó un día a una señora entrada en años rogándole que le comprara un periódico. La dama se volvió hacia el muchacho y le dijo: Yo nunca te compraría un periódico por lo sucio y asqueroso que estás. La frustración del niño fue  tan grande, que decidió no continuar vendiendo el periódico ese día, marchándose a casa llorando hasta que,  al anochecer, cayó en la cama rendido por la desilusión.

A la mañana siguiente cuando despertó se dijo a sí mismo. Es probable que la mujer tenga razón, tal vez mi presencia sucia y desgarbada ahuyente a mis clientes potenciales. En ese momento tomó una decisión, se acicaló convenientemente y se puso la única muda de ropa limpia y remendada que tenía. Mejoró su lenguaje evitando las palabrotas y cambió su actitud.

Cuando salió  a la calle comenzó a pregonar el periódico como era habitual. Casi sin darse cuenta fue comprobando que vendía con más facilidad, y en vez de ser rechazado, casi le quitaban los periódicos de las manos. En un tiempo prudencial consiguió acumular unos ahorros que le permitió poner un puesto de periódico. El puesto se veía inmaculado y no tardó mucho en hacerse con uno de los negocios más grande de la ciudad.

Cuando se le preguntó por la razón de su  éxito dijo: “Aquella señora me enseñó que no debemos llegar a conclusiones erróneas, cuando alguien nos critica”. Nuestro deber es encontrar la lección que nos aporta y una vez que la hayamos encontrado, sentirnos agradecidos con la persona que nos criticó por haberse tomado el tiempo para mostrarnos, quizás, un camino mejor. Dicho de otro modo, la crítica no llega hasta usted para hacerlo más débil, sino para hacerlo aún más fuerte. Pues en el laberinto de la galaxia, reivindicar un cambio de rumbo inmediato en política, también nos ayudará a salir de esta crisis.

Antonio Pastor