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Tenerife 10 de Abril de 2010
Momento del reciclaje en política
¿Cómo podemos detener a un sistema de codicia
y corrupción que tiene tanto poder y ventaja; a los
no elegidos en democracia; y que detrás de puertas cerradas operan en secreto, para controlar política, financiera, social y ambientalmente los elementos de nuestra sociedad, nuestras vidas?
Con el fin de encontrar la respuesta primero debemos descubrir la verdadera causa de fondo ya que, el hecho es que los mal llamados egoístas, grupos corruptos, basados en el poder y ganancias no son la verdadera causa del problema. Ellos son síntomas.

También son los verdaderos estudiosos de la Sociedad, desde la trastienda, salvadores y planificadores de la economía. Pues los grupos de poder en la clandestinidad, siguen demostrando que ellos son los que saben, cómo reactivar la economía y el ordenamiento social. Percibiéndose un mejor resultado, cuando colaboran estrechamente con la clase política, amén de la información privilegiada que poseen. Lo importante es el beneficio que generan para seguir creando nuevas empresas, nuevos puestos trabajos, en definitiva, salir de la crisis.

¿Para qué sirven los políticos, entonces, si el poder no está en la política? Al menos les queda su influencia.

La codicia y la competencia no son el resultado del inmutable temperamento humano, la consecuencia directa es que tenemos que luchar unos con otros con el fin de sobrevivir.

De ahí que la característica más fundamental de nuestras instituciones sociales sea la necesidad de “auto-preservación”. Su principal interés es preservar la propia institución, por ejemplo: la última cosa que una compañía petrolera desea es la utilización de energía, fuera de su control, central eléctrica, las energías renovables etc., ya que la compañía perdería relevancia.

Pero si estas energías son tratadas convenientemente, viendo el alto beneficio que recibiría el grupo de poder, sería crematísticamente alto, generándose un nuevo orden económico y laboral.

Algunos de nuestros políticos, embobecen y condicionan a los tinerfeños por no seguirles en sus banales y parcos discursos, reclamando ofrecer “el único y el mejor camino”. Pero sólo el partido que aporte un conjunto de respuestas humanamente realizables, resolviendo las necesidades básicas, a esta sociedad, ganará. Y todos ganaremos con él. Porque se recuperarán y crearán nuevas empresas, mejor gestionadas, más puestos de trabajo y el cambio de una era con desarrollo e innovación. Cambio generacional que empieza a percibirse en las islas gracias al reajuste, urgente y necesario, que se pretende realizar, desde el Gobierno Canario.

En el corazón de las instituciones de auto-preservación reside el sistema monetario. Ya que es el dinero el que provee los medios para el poder y supervivencia. Así como una persona pobre es forzada a robar, para sobrevivir pasadas las últimas crisis, parece ser una inclinación natural, hacer lo que sea necesario para continuar haciendo acopio de las mismas ganancias, sin pensar en corregir la funesta situación social.

En otro orden de cosas, ¿Entenderíamos la poca atención que hemos prestado a la Independencia de Canarias? En vez de estudiar sus ventajas y aprovechar las bondades de la iniciativa, al ser transgresora, es rechazada y no consensuada porque: ¿pensaría alguien que desaparecería del escenario político? Todos somos necesarios pero no imprescindibles.

¿Será el momento del cambio? Tal vez no sea, hoy, el mejor momento para el reciclaje pero: ¿Participarían, los líderes del movimiento independentista en las próximas elecciones, como partido político, a fin de empujar este proyecto ambicioso y provocador? El valor, como en el ejército, se presupone que se tiene. Pero romper con las oxidadas estructuras políticas establecidas, es otra cosa.

Por eso en estos momentos de crisis, de penurias, se hace muy difícil, que las instituciones basadas en las ganancias cambien, ya que ponen en juego, sus materialistas estilos de vida, asociados a la prosperidad e influencia. He ahí el proceso paralizante por preservar la institución, en los Cabildos, abandonando a un lado el coste social, a cualquier precio. Y sí forzar la conservación de todos los privilegios adquiridos. El derroche y el despilfarro son los hermanos, de la influencia acomodaticia, en una institución.

¿Es quizá el fundamento del posicionamiento y forcejeo de los Cabildos, contra el Gobierno de Canarias, no cediendo competencias a los Ayuntamientos, que son los que deben cubrir sus necesidades sociales, para erradicar la pobreza? Me temo que el hambre, hará que pase, de la respetada y respetable institución, al rechazo social que se avecina, o esperar a que la crisis les empuje hacia la reconversión de la Entidad.

No en vano el turismo empieza a sentar las bases que gradualmente impulsará su recuperación, en la ampliación del proceso de promoción turística permanente. No estaría mal que el Cabildo comience con la reducción de aranceles portuarios de los productos alimentarios. Un problema que padecen los empresarios y restauradores de las empresas turísticas. Sin ser conscientes que los Cabildos tratan de perpetuar, “Eso” que los mantiene en el poder. ¡Ahora son otros tiempos!

Antonio Pastor
Miembro de la AIPET.