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Tenerife 18 de Marzo de 2010
Deuda pública y déficit
En una tertulia improvisada con profesionales liberales
y empresarios, llegamos a la conclusión que existe la
creencia popular de que la deuda pública es una carga, en cierto sentido, un estorbo para el funcionamiento de la economía, pues todo el mundo tiene una deuda que añadir a sus cargas diarias (deudas del contribuyente).

Se comenta que, la deuda pública aumenta siempre que el gobierno central incurre en un déficit, pues en ese caso tiene que pedir préstamos para sufragar los gastos, que no son cubiertos por los impuestos. ¿Hasta qué punto debemos preocuparnos por la deuda pública? Decía uno de los presentes, economista él. En este sentido no hay nada por lo que preocuparse, comentaba. La deuda pública es, en su mayor parte, una deuda que los ciudadanos se deben así mismos. Por ejemplo, todo el que posee bonos de ahorro del Estado posee parte de la deuda pública. Si nos fijamos en todos los españoles en conjunto, en promedio poseen deuda pública y al mismo tiempo se la deben a sí mismos. Por tanto, desde ese punto de vista la deuda se cancela, excepto aquella parte que era contraída con extranjeros.

Existe un segundo sentido en el que la deuda pública es un problema menor de lo que parece. A finales de los años setenta y principios de los ochenta, aumentó en relación con el Producto Nacional Bruto (PNB), pero fueron años de recesión durante los cuales el déficit presupuestario público fue elevado como consecuencia del ciclo económico, decían los expertos. No existían indicios de que la deuda continuaría aumentando en relación con el PNB. De hecho, la deuda pública siempre ha tendido a crecer rápidamente en las guerras debido a que el gasto público es elevado y a descender gradualmente en relación con el PNB en los tiempos de paz. ¿Pero en qué situación estamos ahora?
Estos dos argumentos explican por qué la deuda no es un problema tan grave como podría pensarse por su volumen y el uso de la palabra <deuda>; pero hay dos razones por las que puede ser un problema. Cualquiera que posea un bono de ahorro del Estado, por ejemplo, también podría poseer acciones. Una persona que posea un bono del Tesoro ha decidido tener su riqueza de esa forma y no en propiedad inmobiliaria. Es posible que la deuda desplace a otras formas de activos que podrían tenerse en su lugar; los individuos pueden ahorrar poseyendo deuda pública en lugar de capital físico.

La segunda razón para preocuparse es que los pagos de los intereses de la deuda pueden llegar a ser muy elevados. Si la deuda es grande y los pagos de intereses que tiene que hacer el Estado a sus poseedores son elevados, éste ha introducido un gasto muy grande en el presupuesto. ¿Cómo lo va a pagar? Si puede recaudar impuestos, no hay problema.
Pero el Estado puede encontrar dificultades para recaudar estas sumas mediante impuestos y, en su lugar, tener que pedir prestado al público. En ese caso, existe la posibilidad de que se cree un círculo vicioso. La deuda es grande y, por tanto, los pagos de intereses, elevados, pero eso a su vez obliga al Estado a tener que pedir prestado para pagarlos, lo que significa que la deuda crece y, por lo tanto, también los pagos de intereses. Esta situación puede plantear problemas. A menos que el Estado pueda recaudar impuestos, tiene que encontrar alguna otra forma de financiar sus gastos, por ejemplo, pedir prestado al público o, imprimir dinero para financiar un déficit y una deuda elevados lleven, por tanto a crear inflación lo que se encuentra probablemente en la raíz de los temores populares al déficit.

Sin embargo, no existe un lazo automático entre la deuda pública, el déficit presupuestario y la impresión de dinero. Un gobierno puede incurrir en déficit durante mucho tiempo sin temer que ello resulte desastroso. Siempre que éstos sean pequeños, pues, en ese caso, puede que el volumen de la deuda pública incluso disminuya en relación con el PNB, a pesar del déficit.

El déficit no es una buena forma de medir el sentido de la política fiscal ya que puede variar meramente porque ha variado el nivel de renta. En concreto, si la economía entra en una recesión, el presupuesto tiende automáticamente a incurrir en un déficit. Pero eso no significa que la política fiscal se esté utilizando activamente para estabilizar la economía.

El aumento del gasto público eleva el déficit presupuestario; el aumento de la tarifa impositiva lo reduce. El ahorro, menos la inversión es igual al déficit presupuestario del Estado. Y la deuda pública crece como consecuencia del déficit presupuestarios del Estado. Muchas veces se considera una carga debido a que es la deuda de todas las personas del país. Sin embargo, la deuda pública nos la debemos en su mayor parte a nosotros mismos y, por tanto, la carga se cancela en gran medida.

Al final llegamos a la conclusión que el déficit no es necesariamente malo. Cualquier medida para eliminarlos empeoraría la situación, sobre todo durante las recesiones. Aunque si es un déficit extraordinariamente grande, se puede crear un círculo vicioso en el que el déficit elevado aumenta la deuda pública, los pagos de intereses y, por tanto, lo que genera un mayor déficit.

Antonio Pastor