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Tenerife 16 de Febrero de 2010
Dicroísmo político
Cuando conozcamos los escrutinios en las próximas
elecciones, cuando las masas vuelvan a gritar de júbilo
en las calles el fin de esta política de incertidumbre. Dormirá de nuevo el libre pensamiento, la opinión espontánea, el análisis iracundo que tanto han rehusado medios de comunicación, nacionales afines al poder, temerosos de que el partido del gobierno les retire el establecido y negociado peculio, por ahogar al pueblo que les cuestiona, al ciudadano que exige rentabilizar lo que confió en las urnas, su voto.

Prostituido éste, en el afán de conservar el escaño parlamentario, se utiliza el dicroísmo disfrazando la ira y el engaño, al sentirse cuestionados por la escasa respuesta tangible, acciones que prometieron a los ciudadanos, en las pasadas elecciones.

La caza, aún sin capturar, oculta la irresponsabilidad con la trillada coparticipación, entre gobierno y oposición. No ya en su ideología como en la presumible incompetencia, desdibuja un liderazgo desgajado, dejando al descubierto la oquedad programática de los responsables del gobierno, ante los ojos de los ciudadanos.

El cruce de tenues acusaciones a las que ya nos vamos acostumbrando, huelen a convocatoria interna o débil opugnación fundidas en la dialéctica, que reviven recuerdos de políticas contradictorias.

Aflorando la hecatombe de las mismas por el nulo interés a negociar, la recepción y buenas intenciones de las propuestas, que ofrecidas por el partido en la oposición; con rechazo sibilino; daría un mejor equilibro político, y todo por no dar el brazo a torcer.
Carente de interés, la insistencia del gobierno, empecinado en la demanda de propuestas al partido en la oposición, olvidan que el partido popular posicionado hoy estratégicamente, hará cada vez más oposición porque ésa es su función, que no es otra que, denunciar las actuaciones e irregularidades del gobierno.

También les han apoyado en decisiones puntuales que benefician a la generalidad, y que es bueno recordarlo. Si lo que se pretende es que el partido en la oposición, aquí el partido popular, esté condenado al silencio y resignación, se compromete la libertad y el derecho de actuación, quedando en entredicho la autoridad y la credibilidad del Ejecutivo.

Antonio Pastor