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Tenerife 9 de Febrero de 2010
Vuelve el carnaval
Las razones de explosión y resurrección de la celebra
ión del carnaval eran muy poco conocidas por algunos
de nuestros jóvenes. La esencia era, y es, el disfraz, la participación multitudinaria, la denuncia de tropelías sufridas durante el año y nuevas sátiras que daban paso al divertimento del pueblo. Y sobre todo, disfrutar de éste evento cultural, tan querido por los isleños.

La explosión de júbilo y el uso de la máscara, que son sus manifestaciones esenciales, tiene en su remoto origen, un significado muy distinto al que hoy se le atribuye. Es decir, la inconstante alegría y la libertad anónima de la máscara, no eran símbolos como fueron después de relajación y de una necesaria evasión.

Tanto esta alegría vital como la máscara, no pretendían otra cosa que conjurar los espíritus dañinos y perjudicarles. Y si las máscaras correspondían a cualquier animal sagrado como tan frecuentemente acontecía, entonces el ciudadano pretendía poseer durante un tiempo la potencia divina de los animales protectores.

El tratadista francés Claude Gaingnebet, (Difusora Internacional) afirmó que: El carnaval es una característica del alma colectiva de los pueblos, una liturgia central de una religión sin texto. Y casi todos conocemos su venerable antigüedad.

La palabra carnaval procede del italiano carnavale, que viene del latín carne levare, es decir, quitar la carne, prohibir comerla, la abstinencia en Semana  Santa.
El invierno es, sobre todo en la Europa antigua, un período de nula actividad agrícola, ya que se suspende prácticamente cualquier labor agrícola, cualquier labor al aire libre, dadas las tradicionales características de los cultivos de las zonas templada y fría europeas. Sobre este aspecto Frazer, en su libro “La rama dorada” da curiosas y enrevesadas noticias.

¿Por qué se persiguió tanto al Carnaval? ¿Por qué este odio y sensación de molestia, a una fiesta que tiene las más antiguas raíces y que coexistió siempre con las manifestaciones públicas y privadas de la religiosidad? ¿Por qué éste ataque a la breve alegría de unos días en los cuales, incluso, la persona más seria podía y puede romper con la gravedad que hace tan monótona su existencia? No se lo explicaban entonces, ni nos lo explicamos ahora. Quizás la mezcolanza cultural desgarre las tradiciones autóctonas. Les molesta, las detestan, y si pudieran las destruirían.

Aunque a veces, nos estremece pensar en grandes y feroces acciones contra algunas nimiedades que sin embargo representan algo en la vida, y en la historia de  los pueblos. Grandes acciones, políticas, inútiles y que siguen siendo estériles.

La perdida batalla contra el carnaval, tan grotesca, es un vivo ejemplo de tanta lucha baldía, de tanta vacua seriedad, de este tartufismo que, éste sí, es absolutamente carnavalesco.
El Cabildo debería editar un folleto para las escuelas; hecho que también les parecía excesivo; explicando el origen y la importancia que tiene el carnaval para nuestro pueblo, y no sólo babearse con un folletín de fiestas. No pueden permitir que esta fantástica diversión, siga muriendo gradualmente con tanta facilidad.

Antonio Pastor
AIPET