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Tenerife 10 de Noviembre de 2009
“Algo hicimos mal”
Pasan los días y la conectividad aérea no se reactiva,
los hoteles siguen pagando altas tasas en la importación
de sus mercancías. Evitar la caída del turismo en nuestra isla, es la prioridad. La intervención del representante de TUI descubre que pocos fueron los asistentes que recogían por escrito sus sugerencias. Sin embargo el Consejero de Turismo del Cabildo, en primera línea, practicó con el ejemplo. Su pragmatismo nos ayudará.
Como punto y aparte, quiero introducir un resumen de esta otra intervención, a modo de resumen, sugiriéndoles que mediten sobre las palabras del presidente Óscar Arias, en la pasada Cumbre de las Américas el pasado veintiséis de abril, en Trinidad y Tobago. Su título “Algo hicimos mal”. Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culparle de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.
No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, sus primeras universidades. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750, todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres. Cuando aparece la revolución Industrial otros países se suben al vagón pero ésta, pasó por América Latina como un cometa, y ni tan siquiera nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.
También existe una diferencia notable leyendo la historia de América Latina. Hace cincuenta años, México era más rico que Portugal. En 1950, Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur – en cuestión de 35 o 40 años – es un país con 40.000 dólares de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal.
No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo – en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de 2 dólares por día – y que gaste 13 veces más (1.300.000.000.000 de dólares) en armas y soldados.
El enemigo nuestro, presidente Correa, sobre la desigualdad que usted apunta, con razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas. Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta y ochenta. Olvidamos que con la caída del muro de Berlín en 1989, se produjo un cambio mundial. Tenemos que aceptar que éste, es un mundo distinto, pero el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos.
La buena noticia es que con 74 años, Deng Xiaoping al regresar a Pekín; viendo como se enriquecían, en Singapur dijo: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que a mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones”. Sólo les pido que no esperen a cumplir los 74, para hacer los cambios que tenemos que hacer. Y mientras seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” capitalismo, socialismo, nacionalismo. Los asiáticos encontraron el pragmatismo. ¡Y Tenerife!
Antonio Pastor