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Tenerife 9 de Septiembre de 2009
Campos más verdes
Si sólo tuviéramos la sabiduría y la paciencia para
explorar inteligentemente el trabajo que desempeñamos,
encontraríamos que contiene las riquezas que anhelamos. Antes de que corramos hacia donde creemos que existen campos más verdes, consideremos que nuestro propio campo no tiene límites. No hay empleos malos, es la forma en la que hacemos nuestro trabajo lo que los hace, buenos o malos.
Allá por el año 1843, vino al mundo un hombre que en el transcurso de su vida tendría un profundo efecto en millones de personas. Su nombre era Russell Herman Conwell. Abogado, después editor de un periódico y finalmente clérigo en 1881. Y fue durante este último período cuando ocurrió un incidente que cambiaría su vida y las vidas de muchas personas.
Sucedió que un día, un grupo de jóvenes le preguntaron si estaría dispuesto a darles formación de nivel superior pero, carecían de dinero para sufragar sus clases. Logró reunir, casi ocho millones de dólares, dando más de seis mil conferencias en todo el país, con los que fundó la que es famosa Universidad del Temple en Filadelfia. Y en cada una de esas conferencias contaba una historia llamada “El campo de Diamantes” que le había afectado profundamente, como afectaría igualmente a sus asistentes.
La historia trataba de un granjero que se estableció en África. Al oír los relatos emocionantes de otros colonos que habían hecho fortuna, descubriendo minas de diamantes, ardía de impaciencia por vender su granja para realizar la búsqueda él mismo. Pasó el resto de su vida errante por el vasto continente africano sin éxito posible, en busca de las brillantes gemas que se cotizaban a un alto precio en los mercados mundiales. Cuenta la historia que desesperado se lanzó al río y se ahogó.
Mientras tanto el hombre que le comprara la granja, halló un día una piedra grande y rara en el río que la atravesaba. La piedra aquella, resultó ser un gran diamante de enorme valor. Y el granjero descubrió que la granja estaba cubierta de ellas. Convirtiéndose en una de las minas de diamantes más ricas del mundo.
El primer granjero había poseído un campo de diamantes, mas lo había vendido prácticamente por nada para ir a buscarlos en el confín de la tierra. De haber tomado tiempo para estudiar y conocer como eran los diamantes en bruto; explorando la tierra que poseía; hubiera hallado los millones que buscaba allí exactamente dentro de los contornos de su propiedad.
Lo que afectara al doctor Conwell y a millones de personas era el hecho evidente de que cada uno de nosotros, y a veces sin saberlo, está sentado en medio de sus propias hectáreas de diamantes. Estas hectáreas son nuestras islas y haciendo caso omiso hemos quebrado nuestras señas de identidad copiando lo foráneo en el afán de enriquecernos.
Cierta vez otro granjero colocó una pequeña calabaza en un botellón de vidrio de un galón de capacidad. La calabaza creció hasta el punto de llenar el galón limitando su crecimiento. Cuando estaba madura, el granjero rompió el botellón y vio que la calabaza había tomado exactamente la forma del botellón. ¿Como podremos corregir los errores para potenciar nuestro destino turístico? En turismo, a veces olvidamos que el desarrollo personal es nuestro mejor valor.
Sólo la preparación, la formación, nos puede asegurar que saquemos ventaja de las oportunidades que se nos presentará en el futuro. Oportunidades que nos rodean, pero no vemos. La oportunidad de crecimiento o reactivación estará escondida en ropajes comunes, cotidianos, como lo estaba la orquilla para el cabello hasta que alguien la convirtiera en el “clip”. Recuerde la historia de “Hectáreas de Diamantes”. Si un hombre tiene algo de inteligencia dejadlo que siga su vocación y en la gran marea de las cosas, su oportunidad, llegará por fin. (Mc. Ewen).
Antonio Pastor