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Adeje 15 de Agosto de 2008
Mantenidos de por vida
En los momentos difíciles de vida de la sociedad, han sido
muchos y muchas los que se han dedicado a la vida
monástica, para encontrar un techo y un plato de sopa.
Me apelarán de cínico en relacionar la vocación, la llamada
de Dios con una necesidad humana tan terrenal que nada puede tener el divino.

Dejo que cada cual piense lo que piense y vamos a verificar el fundamento de mi afirmación con el relato de la historia, así que notaremos qué fue y qué no fue cuando antes la sociedad gozaba de buena salud.

Actualmente, sin ir muy lejos, todo el mundo sabe que hay en la Iglesia una fuerte crisis vocacional en el mundo occidental, pero si miramos a nuestro alrededor veremos que no es precisamente así en países suramericanos donde la vida se presenta algo más dura.

Del otro lado de esta cara hay otra, y precisamente, en este nuestro mundo insular. Hay gente que no por vocación, que se ve que no la tiene, sino por la fatiga que necesita mantener un trabajo, por la fatiga que comporta trabajar, por no haber sido capaz de realizarse a si mismo, tanto que en la mayor parte de estos futuros políticos son uno cero a la izquierda en la sociedad.

Y una vez, metidos en política, no importa mucho si el encargo público necesita de un mínimo conocimiento técnico. Si alguien piensa si los políticos conocen algo sobre lo que van a hacer o a dirigir, falla y mucho si piensa que sí. Y lo puede ver en el continuo cambio de departamento que decide el partido o el mandatario, una vez están en urbanismo (el sector más apetecido), después se pasan a servicios sociales, después a otro, y otro sin percatarse si están a la altura para recubrir estos encargos.

Quienes dirigen de hecho la barca son, al final, los empleados técnicos que de vez en cuando alargan una mano y si acaso, las dos.

Lo importante es haberse dedicado a la política, porque de ahí nadie los va a sacar. Aunque “dejen” por voluntad ajena la política – porque de propia voluntad nadie renuncia a este rico mensual que nunca habrían conseguido fuera - siempre les ofrecerán algo para seguir ingresando un mensual gordito que nosotros pagamos.

No necesitamos acusar a un determinado partido político. Todos siguen la misma disciplina, porque en caso contrario habría que preguntarse: ¿habríamos políticos? ¿Estarían años y años al “servicio del pueblo”? Pido venia por esta irónica definición.

Tengo delante de mí un listado de alcaldes que están años y años, décadas en el mismo lugar. Como declaró una vez uno de estos longevos políticos, me lo dijo mi madre: he nacido para ser alcalde”. Y si no recurren a frase entupida como la mencionada, estos años justificarán a si mismo con otra afirmación: el pueblo me ha reelegido.

Y tengo dos ejemplos, entre muchos, de cómo estos señores nunca son abandonados a su suerte al hacer obligados a dejar este ambiente, para ellos tan fructífero. Un ex del gobierno de Canarias, después de haber estado un montón de años en la sala de los botones, último como encargado de la agricultura, está ahora ocupando el importante sillón de Presidente de una entidad portuaria.

Alguien tendrá la cortesía de aclararme cómo se puede saltar a dirigir la agricultura de esta isla y, de repente, pasar a regentar un puerto marítimo.

Otro, también muy reciente, es el de aquel alcalde profesor de filosofía, que al haber demostrado a todo el mundo cómo no fue capaz de gobernar su ayuntamiento, que está en quiebra, y no fue capaz de conducir a buen puerto a su partido a nivel insular, fue nombrado nada menos que vicepresidente de una entidad bancaria.

Alguien tendrá la cortesía de aclararme cómo se puede nombrar a un filosofo a la dirección de una entidad económica – financiera, después de haber demostrado una incapacidad administrativa y direccional tan importante.

Estos inmortales de la política son los que defienden, predican el orden democrático. Este orden para que se respetásemos el verdadero orden democrático, todos los cargos políticos deberían dimitir después de no más de dos legislaturas.

Nos encontraríamos por lo tanto con un nuevo problema: ¿que vamos hacer con estos que han abandonado la sociedad? ¿No serán peces fuera del agua?

Benito Capone